La aventura de coger el Metro en Rivas-Vaciamadrid

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Rivas-Vaciamadrid, son las 8 de la mañana y los marcadores del Metro ponen dos rallitas a modo de boca de emoticón serio (–). Pinta feo, el próximo tren probablemente ha sido tragado por un agujero negro.

El agujero negro tiene nombre: Transportes Ferroviarios de Madrid SA,  más conocido por su nombre chungo, TFM. Y también tiene apellidos: Partido Popular de Madrid y Ciudadanos,  padres putativos del engendro del Metro de Rivas, una especie absurda de RAMAL de 5 estaciones que enlaza con la Línea 9 de Metro de Madrid y con Cercanías, en plena periferia y lejos del interior madrileño.

Esta es la historia de la peor mañana de la historia en transporte público,  ese que el PP privatizó para que, en teoría, ganaramos todos ¿Todos?…

Han pasado 5 minutos y los marcadores cambian las rallitas por un 8. A tomar por saco el cuarto de hora de adelanto que acostumbro a guardar con TFM.

Toda precaución es poca,  pero lo del TFM bordea el delito. Raro es el día que las frecuencias bajan de los 10 minutos en hora punta.  Y todo para dejarte tirado en medio de la nada, en plena periferia.  Pero no hay otro remedio,  porque Rivas,  con sus más de ochenta mil almas no tiene Cercanías por obra y gracia de TFM y del PP,  ya saben,  los putativos del engendro de ramal ferroviario.

Pero volvamos a nuestra preciosa mañana. Los 8 minutos se alargan y el cómputo total sobrepasa los 15 minutos porque los indicadores no saben de trenes chungos. Ahora sí que se encienden las luces rojas: pierdo el enlace.

Finalmente aparece el tren,  con su luz verde del gálibo encendida. Mal rollo, viene en conducción manual porque hay problemas en la línea o el propio tren. Uno no tenía ni puñetera idea de estas cosas,  pero a fuerza de perder horas esperando a TFM,  uno lee. Eso a TFM no le viene bien y supongo que estudian prohibir las tablets en sus andenes. Tiempo al tiempo.

El conductor cierra las puertas,  no sin pitar histéricamente metiendo prisa al personal habida cuenta del desastre de servicio. Hace lo que puede, pero TFM es TFM.

El viaje es para enmarcarlo. Frenazos, trompicones, vaivenes,  una señora se desvanece y un señor me mete mano cuando intenta rascarse la oreja. Los vagones de Auschwitz eran primera clase comparados con TFM.

Y es que TFM,  en un alarde de cachondeo, después de los 15 minutitos de espera, te coloca un tren con dos vagones. Con un par.

El viaje se alarga otros 5 minutos de horror, ya son 20 minutitos de retraso. No hay madrugón que aguante este bodrio. El ramal TFM me arruina la mañana en sólo 2 estaciones. Efectivamente, en media hora no he salido de Rivas-Vaciamadrid.

Llego a Puerta de Arganda, ese desierto del transbordo donde te suelta TFM como si la cosa no fuera con ellos. Hay muchachos tomando nota de las frecuencias. No servirá de nada, porque la Comunidad de Madrid está gobernada por los putativos. Pierdo el Cercanías,  que es un transporte de verdad, y sumo 25 minutos más de retraso. La fiesta ya es completa.

Tras la aventura llego con extremo retraso a trabajar y todos me insinúan que se me han pegado las sábanas. Yo siempre les contesto con mala leche: seguid votando al PP y a sus camaradas de CIUDADANOS.

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